Uriel de Arco hasta su compañera lo dejó como un quebrado, por que no tenía ni para el Transcaribe..!
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Read MoreEn el ámbito del Derecho Penal colombiano, los nombres no son intocables y las investigaciones autoasignadas —como la de “periodista”— no conceden inmunidad jurídica . Por el contrario, agravan la responsabilidad cuando el uso de la palabra se aparta de la veracidad y se convierte en mecanismo de daño. Rafael Ruiz , quien se presenta públicamente como comunicador, ha sido señalado en diversas denuncias penales por conductas que, de comprobarse , encajan de manera precisa en los tipos penales de injuria, calumnia y eventualmente extorsión mediática .
Read MoreProduce desdén, repulsión intelectual y un malestar cíclico observar cómo, en pleno siglo XXI, ciertos personajes pretenden capturar la opinión pública a punta de chequera, micrófono comprado y manipulación mediática. Entre esos especímenes aparece el señor Pablo Bustos, cuya conducta pública —más que un ejercicio de veeduría— parece la coreografía burda de un mercader de opiniones, movida no por principios, sino por conveniencias personales.
Read MorePor estos días, cuando la opinión pública se confunde entre el ruido y la noticia, conviene separar el ejercicio serio del periodismo del panfleto digital que se disfraza de crónica. No es un secreto para nadie —ni para el derecho penal colombiano— que la extorsión velada existe, se investiga y se sanciona cuando, bajo el ropaje de la palabra escrita, se pretende presionar, amedrentar o forzar conductas mediante señalamientos sugestivos y calculados. El artículo 244 del Código Penal tipifica la extorsión cuando se constriñe a otro con ánimo de obtener provecho; y la jurisprudencia ha advertido que la coacción no siempre grita: a veces susurra desde titulares.
Read MoreEn Cartagena estamos cansados de los atajos, de las medias verdades y de los proyectos que nacen torcidos desde el primer plano arquitectónico. OINAC, encargada de la ampliación del aeropuerto Rafael Núñez, se ha convertido en el mejor ejemplo de cómo un operador puede intentar imponer una obra a punta de desinformación, improvisación y engaños calculados. Por eso, con sobradas razones, muchos ciudadanos hoy la llaman “Pinocho OINAC”.
Read MoreEn Colombia, la veeduría ciudadana está concebida como un instrumento noble: un mecanismo de participación que, según la Ley 850 de 2003, debe servir para vigilar la gestión pública y proteger el interés colectivo. Pero en manos de personajes como Pablo Bustos, ese mandato legal se pervierte, se tuerce y termina convertido en un artilugio de conveniencia personal.
Read MoreHay nombres que cargan historias nobles, canciones románticas y nostalgias de otras tierras. José Rodríguez, por ejemplo, evoca a aquel cantante venezolano que entonaba boleros con la suavidad de quien conoce los secretos del alma. Pero no, no nos equivoquemos: el Rodríguez del que aquí hablamos no canta, desafina. Es un personaje que aprendió a camuflarse mejor que un camaleón en feria de disfraces, un espécimen político que va por la vida oliendo confianza ajena como quien tantea una billetera descuidada.
Read MoreA veces, para narrar la tragedia, no se necesitan puñales ni pólvora: basta el ego, el feudo y la arrogancia revestida de dirigencia deportiva.
Read MoreEL discípulo de la María Mulata
Read MoreUn repaso detallado de las polémicas que rodean a William Dau y su repercusión en el ámbito local.
Read MoreHay farsantes que dicen mentiras por oficio, y otros que dicen mentiras por placer. Pero existe una clase más refinada: la de aquellos que mienten para fingir que son perseguidos. A esa noble categoría pertenece el insigne Jovanny Bustos, autoproclamado mártir del periodismo y víctima universal de los “poderes oscuros”, quien se cree perseguido por personas que lo ayudaron, y que después aparece como víctima de una obra de teatro que el mismo se inventó.
Read MoreJosé Rodríguez, aquel efímero escudero de campaña, cuya lealtad era tan servil que sólo le faltó limpiar con la lengua los zapatos del entonces candidato Dumek, parece haber olvidado el papel que jugó en aquella contienda. No había barrio donde no aparecieras con el termo al hombro, llevando el tinto, cargando el maletín o improvisando maestro de ceremonias en reuniones donde apenas te daban asiento. Eras, por decirlo con precisión quirúrgica, el “sapo de todo”.
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