Por Apolinar Moscote
Con frecuencia vemos en las páginas de diarios y revistas la alusión a “expertos” como fuente de veracidad, exactitud y credibilidad de lo que se quiere comunicar. “El experto en el tema Fulano de Tal, informó que no es posible…”. Esa sola mención es suficiente para que se tenga que creer, para que se dé por cierta e incontrovertible la afirmación.
Ni que decir de foros, encuentros, paneles y mesas de trabajo: pululan los “expertos”, zumban como moscardones y al final, terminan en el lugar común de recomendar servicios personales o de su empresa o solicitarte que les consigas una cita con el número uno, para ofrecer el proyecto infalible y que resolverá todos los problemas.
Cabe entonces la pregunta: ¿qué es un experto? ¡Por qué su sola mención debe ser considerada fuente infalible de conocimiento y aceptada más allá de toda discusión? La real academia de la lengua española y, en general, los sitios de información, exigen al menos cuatro requisitos demostrados, para conferir a alguien la calidad de experto: Conocimiento Profundo, Experiencia Práctica, Habilidad y Destreza y Reconocimiento.
Es por esto que antes de poner a alguien la corona de “Experto” y ofrecerlo como la verdad revelada, es bueno averiguar si estamos frente a un experto, un lobista profesional de los que venden hielo en el polo, o simplemente se trata de un Blacamán el Malo, de esos vendedores de milagros, que no se pierden reunión, feria, foro o panel, ofreciendo su sabiduría milenaria de hierros imantados arrastrando metales extraviados.
La experticia es un tema muy serio y en círculos empresariales y académicos serios, solo se adjudica después de muchos años de consagración, estudios y, sobre todo, publicación de investigaciones y descubrimientos, que aportan al desarrollo de la asignatura y de la humanidad.
En el sector empresarial, por ejemplo, un experto solo recibe ese reconocimiento después de más de 30 años de aportes efectivos y de haber pasado por las escalas de junior, senior y especialista.
Es claro que cuando estamos ante un verdadero Experto, es válida su mención como autoridad en la materia y se generará la respectiva credibilidad y confianza en su práctica e información. Lo que si no es correcto es la práctica comunicativa y organizativa de graduar a cualquier mercachifle de experto, para venderlo a una audiencia incauta y darle altura al informe o el foro.
Algo a tener en cuenta: El verdadero experto es muy escaso y casi nunca anda alardeando su condición de experto. El mercachifle abunda y no deja de poner en la escarapela el lapidario título de EXPERTO.