Vicente Arcieri: de periodista a pasquinero de pretil virtual

Por estos días, cuando la opinión pública se confunde entre el ruido y la noticia, conviene separar el ejercicio serio del periodismo del panfleto digital que se disfraza de crónica. No es un secreto para nadie —ni para el derecho penal colombiano— que la extorsión velada existe, se investiga y se sanciona cuando, bajo el ropaje de la palabra escrita, se pretende presionar, amedrentar o forzar conductas mediante señalamientos sugestivos y calculados. El artículo 244 del Código Penal tipifica la extorsión cuando se constriñe a otro con ánimo de obtener provecho; y la jurisprudencia ha advertido que la coacción no siempre grita: a veces susurra desde titulares.

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LUIS CARLOS VÉLEZ: EL PERIODISTA QUE APRENDIÓ A QUEBRAR UNA EMPRESA COMO RCN

En esta tierra de contrastes, donde el poder económico decide quién asciende y quién se desploma, Colombia ha visto desfilar una serie de esperpentos mediáticos fabricados en laboratorio. Entre ellos, uno de los más visibles es Luis Carlos Vélez, periodista que se convirtió en protagonista más por sus desplantes que por sus méritos.

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Lía y Jacke: dos mujeres unidas por el delito de la extorsión

En Cartagena se ha vuelto costumbre disfrazar la extorsión con discursos de liderazgo. Lo que antes era dominio de ciertos hombres que se autoproclamaban caudillos barriales, hoy lo encarnan mujeres con prontuario y ambiciones personales: Lía Muñoz y Jackeline Perea. Ambas, con estilos distintos, se han entrelazado en la misma práctica delictiva: utilizar la amenaza, la presión política y el chantaje mediático como instrumentos para obtener beneficios económicos y cuotas de poder.

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La alianza de los mediocres

El árbol que da frutos es, en efecto, el que más piedras recibe. Pero lo que sucede hoy en Cartagena con el ataque sistemático y vulgar que han emprendido Javier Julio Bejarano y su aliada de ocasión, la autoproclamada reina de la bienestarina Jackelin Perea , contra Jaime Hernández Amín , no es una simple pedrada, es un burdo acto de acoso político, prevaricato por omisión, abuso de poder y vulneración del debido proceso administrativo y contractual , todo ello adornado con la perfidia propia de quienes nunca han entendido el servicio público como vocación, sino como tarima para el escarnio y trampolín para su vanidad.

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