Por Rodrigo de Triana
Nos dimos a la tarea de preguntar en diferentes escenarios de la ciudad si alguien conoció al supuesto “periodista” Gustavo Morales de León. Al inicio no entendíamos por qué, al mencionarlo, las risas y las burlas surgían como un coro espontáneo.
“Compadre, ese hombre tiene de periodista lo que nosotros tenemos de astronautas”, respondieron algunos entre carcajadas. Otros, más mordaces, añadían: “Ese es el único 'periodista' que se aparece un día al año con una columna mal redactada, no para informar, sino para extorsionar”. No en vano, en la jerga popular, le dicen el periextorsionador .
Y uno se pregunta: ¿En qué norma del ordenamiento jurídico colombiano se establece que por vivir cincuenta años en un barrio se adquiere, por ósmosis, la condición de periodista? Porque si revisamos el artículo 20 de la Constitución Política , que consagra la libertad de expresión y de información, veremos que esto es un derecho, pero también un ejercicio sujeto a la responsabilidad social , al respeto por la verdad y a la prohibición de abusar de los medios para cometer actos ilícitos.
Asimismo, la Ley 51 de 1975 (Estatuto del Periodista) y la Ley 29 de 1994 son claras en que el periodismo es una profesión que requiere idoneidad, formación y ética, no un título honorífico autoimpuesto para intimidar y chantajear. Y si vamos al Código Penal , artículos 244 y 245, encontramos que la extorsión y el constreñimiento para obtener beneficios son delitos sancionables con prisión, agravados cuando se cometen usando como fachada un oficio que exige confianza pública.
Por eso, cuando escuchamos las referencias sobre este personaje —mal empleado, mal funcionario, mal dirigente, mal hijo, mal hermano y, sobre todo, pésimo periodista— entendemos que no hay exageración. Su verdadero talento parece estar en el chisme de mercado, en el murmullo callejero de Bazurto, y no en la reportería seria, honesta y documentada.
El periodismo es un servicio social, no una patente para la calumnia. No se hereda por vecindad, ni se improvisa con ocurrencias mal escritas. Si el señor Gustavo Morales de León cree lo contrario, que señale en qué artículo de la ley, decreto o reglamento, está consagrado que el simple transcurrir de los años en un barrio lo convierte en un ciudadano en periodista.
Hasta tanto, que deje de manchar con su farsa un oficio que ha costado vidas, cárcel y exilio a quienes sí han ejercido con dignidad y verdad. Y lo peor, señor Morales, es que esa mondadera loca que lo acompaña como sombra de infortunio, no se la va a quitar en este gobierno. Porque, aunque los cerdos sueñen con coronas, plata para los chismosos de pocilga no hay .