Por Tomás de Iriarte
Lo primero que hay que aclarar es que Álvaro González es un ingeniero preparado académicamente en diferentes universidades. Sus estudios han logrado que se conviertan en expertos en temas hidráulicos. Ese conocimiento, ligado a una patología psiquiátrica, se ha convertido en el cóctel perfecto para que raye en la obsesión, una obsesión que preocupa a su familia.
Pero el tema no es solo que padezca un trastorno narcisista de la personalidad, lo cual, de forma inconsciente, lo motiva a pensar en sí mismo como en una posición sobrevalorada donde los demás ciudadanos poco o nada saben hacer. Solo él puede salvarnos del ostracismo, el atraso y el desdeño que sufría Cartagena.
Su familia no le habla, producto de ser un enfermo mental que no acepta ayuda, lo que motivó su distanciamiento. Su papá murió con el dolor de saber que uno de sus hijos sufría en su mente y, sobre todo, le alejaba de tener los pies en la tierra.
Más allá de una actividad altruista por la ciudad, su expectativa está basada en construir un manual de escorrentías distritales. Dicho manual contempla la reducción de los picos caudales y cómo se controla el volumen de las corrientes.
Este manual estipularía que todo proyecto de infraestructura de desarrollo urbano, ya sea industrial, urbano o comercial, debe adoptar medidas que eviten la no absorción o el control de aguas lluvias.
En palabras más sencillas, los desarrolladores de proyectos deben contemplar en sus obras qué pasará cuando se generen corrientes de agua lluvia, ya sea dejando suelo sin concreto que lo absorba o depósitos donde se pueda represar el líquido mientras pasa la lluvia, para luego descargarlo en canales pluviales de forma controlada.
El asunto con el dichoso manual es que Dumek Turbay no ayudó la pretensión de Álvaro González, quien buscaba una suma de 3.500 millones de pesos para la asesoría hidráulica que desarrollara este texto, que debía ser acogido en la ciudad tras una aprobación en el Congreso. De ahí el enorme enojo de Álvaro González, su rabia y asco.
Álvaro pretendía que la empresa para la cual trabaja en Estados Unidos, llamada Boswell Engineering, ubicada en 330 de Phillips Avenue en Nueva Jersey, desarrollara el manual, donde él obtendría una jugosa compensación.
Boswell Engineering es una compañía estadounidense de un siglo de existencia dedicada a “ingeniería totalmente integrada, multidisciplinaria y premiada a nivel nacional que ofrece servicios de consultoría profesional a clientes de los sectores público y privado”, como se lee en su página web, donde Álvaro se desempeña como Project Manager o, en español, gerente de proyectos.
Como verán, todas las cosas concuerdan con un interés económico multimillonario que incluso permitiría a González definir su retiro.
Al no lograr avanzar en su estrategia, González se alió a William Dau, después de haberlo cuestionado durante años. Aquí cabe la frase “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, lo que los unió contra Dumek Turbay.
Esa es la verdadera motivación y obsesión de González contra Turbay. Algunos dicen que está loco, pues sí es enfermo mental, pero no está loco; algunos piensan que si gana en dólares, ¿por qué no se dedica a disfrutar su vida? Sencillamente porque perdió casi la suma de un millón de dólares con el proyecto que iba a desarrollar con el manual de escorrentías. El tiempo dedicado a Dumek no es un gasto; él está invirtiendo, buscando doblegar a Dumek para que lo convoque a desarrollar sus ideas hidráulicas, lo cual, hasta la fecha, no ha pasado.