Se ha vuelto costumbre que, con el auge de las redes sociales, aparezcan personajes que, sin haber administrado siquiera una tienda de barrio, pretendan dictar cátedra sobre cómo gobernar Cartagena. Desde la comodidad de un teléfono celular descalifican, pontifican y presentan soluciones milagrosas a problemas estructurales que requieren conocimiento, planeación, recursos y capacidad de ejecución. Criticar es fácil; gobernar implica asumir responsabilidades y responder por los resultados.
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