Por Rodrigo de Triana/Abogado
¿ Qué hace un Ingeniero Hidráulico en Estados Unidos, con licencia presuntamente para operar en el estado de NY, y un vendedor de Bienes Raíces, en la Florida también con licencia, calumniando de manera sistemática a varios periodistas, junto con el exalcalde William Dau..?
La verdad no es una pregunta menor, también hemos descubierto que es una entidad organizada, para ejercer calumnias sistemáticas, porque son afirmaciones sin ningún soporte jurídico, y sin confrontar a las fuentes, solo para el desprestigio sistemático.
En Colombia, la injuria y la calumnia no son opiniones incómodas: son delitos. Así lo autorizado los artículos 220 y 221 del Código Penal. Pero la realidad digital ha mutado el fenómeno. Hoy no estamos frente a un individuo que difama; Estamos ante algo más cómodo, más persistente y más dañino: estructuras de difusión sistemática que operan en red . A eso hay que llamarlo sin ambigüedades: el cartel de la calumnia . No es un exceso retórico. Es una funcional de una práctica cada vez más visible: Múltiples perfiles, portales y generadores de contenido que, de manera simultánea o escalonada, reproducen narrativas falsas o manipuladas para destruir reputaciones.
Según estudios del Pew Research Center , más del 60% de los adultos en Estados Unidos reconoce haber visto información falsa circulando en redes sociales. En Colombia, informes de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) han advertido sobre el crecimiento de campañas de estigmatización digital contra periodistas, líderes sociales y actores públicos, muchas de ellas con patrones de replicación coordinada.
La pregunta es: ¿este tipo de contenidos tienen un alcance internacional? según los últimos estudios, las IPS desde donde se generan este tipo de mensajes, son de Estados Unidos, otras son desde la ciudad de Cartagena. Es decir estamos ante una forma sistemática transnacional de criminalidad a través de la web. Un acuerdo, entre particulares, para delinquir a través de la calumnia.
En los Estados Unidos, donde la difamación se trata mayoritariamente en el ámbito civil, existen herramientas jurídicas contundentes. La figura de la conspiración civil permite responsabilizar a quienes, actuando de manera coordinada, participantes en la producción y difusión del daño. No se requiere un acuerdo formal: basta con demostrar la convergencia de acciones hacia un mismo objetivo. He alli la cantidad de material probatorio que tenemos en los perfiles de JUAN YACAMAN, WILLIAM DAU Y ALVARO GONZALEZ.
Hay dos puntos claves en la jurisprudencia norteamericana:
Por estos dos elementos, recopilando la cantidad de pruebas que están en el entorno digital, podemos armar un caso, que caracterice estas dos conductas, y que enfrenten la posible cancelación de sus licencias.
La jurisprudencia norteamericana ha sido clara en un punto esencial: la libertad de expresión no ampara la mentira deliberada. El estándar de real malicia —establecido en el caso New York Times Co. v. Sullivan— fija una línea roja: cuando alguien difunde información falsa sabiendo que lo es, o con desprecio temerario por la verdad, entra en el terreno de la responsabilidad jurídica.
En Estados Unidos, profesiones como la ingeniería o la intermediación inmobiliaria no son simples oficios; son actividades reguladas bajo el principio de buen carácter moral . Un ingeniero que firma planos compromete la seguridad pública. Un agente inmobiliario administra confianza y patrimonio. ¿Puede alguien que participe en un entramado de calumnias sistemáticas que sostienen ese estándar ético? La respuesta, cada vez más, es no.